viernes, 26 de septiembre de 2008

CONQUISTA HUMANA

Hace muuchos, muchiiisimos años, le regalé a un novio mío una camisa. Yo no sabía por qué, pero me sentía un poco rara mientras lo hacía. Luego lo supe. Lo primero que hizo fue reirse cariñosamente,exclamar "hostias!" . Después añadió "gracias", finalmente, pronunció estas palabras "no serás de esas que le compran camisas al novio?!"-dijo.


Por aquellas épocas, para casi todos los hombres y mujeres interesantes, inteligentes , intelectuales, feministas o neofeministas, lo peor que se podía ser en el mundo era un señor. Ser señor era ser facha. El señor se despreocupaba de todo relativo a los hijos y la casa, en ese aspecto era un ser bastante inútil. Quizás tenía amantes, llevaba traje, usaba reloj de pulsera. Por supuesto lo señores eran machistas y homófobos. No solía haber señores de clase baja. En este caso se hablaba de "viejos simpáticos", en su caso "viejos verdes", o "republicanos de toda la vida" , también había “pobres” o ”vagabundos”. No eran señores porque se entendía que a éstos les falta esa maldad propia de los otros a los que les había ido mejor en la vida. Eso los libraba de ser calificados de "señores" . Los hombres feministas se alegraban de saber que nunca serían así.

Para las chicas modernas los señores eran casi extraterrestres, aunque muchos de su padres lo eran. Los veían como asquerosillos seres de otro planeta. Como se veían a través de sus ojos, porque era “lo que odiaban”, cuanto peor era la imagen que imaginan que de ellas se tenía, pues mejor. Hasta les inspiraban penita. Los neofeministas, feministas posmodernas y posmodernos y las mujeres a las que les llegó algo de todo esto, también odiaban a las señoras. Las señoras eran marujas y también fachas. La clave estaba en el pelo, o sea, el pelo. Si el pelo era redondo, tipo “bola” es que era señora, independientemente de la clase socia (en esto, como véis, también habia discrimimación y sexismo, ellas se escapan peor a la señorez)  El pelo de las señoras estaba casi siempre teñido. Representaba la consolidación de un tipo de mujer – y de pelo-. Lo que más irritaba de la señora a sus denostadores era que militaran en su señorez, radiantemente. En ellas la señorez se encuentraba como necrotizada. La señora no era nada interesante, tendía a hablar a gritos sobre todo si era de clase media y baja, llevaban anillos, uñas pintadas y otros complementos, faldas o pantalones tipo Don Pimpon con pinzas... chaquetones feísimos! Como era maruja y algo inculta, de su boca solo salían tópicos, frases hechas y cotilleos. Las señoras de clase alta eran más interesantes porque se entendía que no se habían gastado tanto con los hijos y otras tareas auto-denigrantes como cocinar, planchar, fregar los platos, limpiar el baño, coser remiendos y eso. Ellas se dedicaban casi exclusivamente a estar guapas y se expresaban más refinadamente que las otras, pero no decían nada. Este cuidado del cuerpo las hacía también menos fofas, incluso altas!. Como es obvio, eran más elegantes, claro. Pero las medias, zapatos y esas faldonas bajo la rodilla, no se las quitaba nadie. Podían ser, o bien extremadamente machistas y homófobas, o bien muy abiertas y liberales, pero solo porque no lo habrían pensado mucho, de parlanchinas y saladas que eran. Hubo señoras intelectuales, aunque por aquella época ya no quedaba casi ninguna. Las nuevas intelectuales mayores se cuidaban muy bien de no parecer señoras y las que quedaban así eran del opus dei.

Lo bueno era que ya, en aquel tiempo, todo lo que de lejos nos recordaba a ellas, se reconocía muy fácilmente y debía ser señalado con el dedo y eliminado. Ser una señora estaba mal, llevar algo puesto de señora era un pecado para una mujer moderna. Un pecado capital.



Regalarle a tu novio una camisa rozaba la señoréz, te hacía caer bajo sopecha.


Yo quería mucho a aquel novio, y lo seguí queriendo hasta el fin de los días de los señores.


Después, deje de pensar en los señores y en las señoras, porque desaparecieron del mundo.


Pero, en unos archivos secretos del ministerio de igualdad, he encontrado estas fotografías que documentan sobre el aspecto de los últimos especímenes de señores y señoras que poblaron las calles de nuestras ciudades occidentales. No quería dejar de compratirlas con vosotr@s.


SEÑORAS


SEÑORES NO eran ni llegarían a ser señores

ninguno de los dos


dos que sí llegaron a serlo...
Las que a base de vetir de negro (aun no había salido la línea urbana para mujer +50 de HyM) tambien se libraron de la señorez.
Actualmente, todo ha cambiado mucho, porque somos por fin racionalidades, libertades, cuerpos casi indiferenciados, subjetividades, personalidades, devenires errabundeantes... cada cual es lo que quiere ser. Gracias a los que abrieron este camino, os lo debemos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

aunque l@s mon@s se pongan perilla, tatuajes, rastas, forros polares, etcetera, mon@s se quedan.
y yo seguiré gritando ¡Vivan LAS señoras! ¡Vivan LOS señores!

lobita dijo...

Lobita agradece todo tipo de comentarios de apoyo y de protesta a su hiper-evolucionada perspectiva social y cultural.