Bebo el jugo tranquilo de un sueño azul contemplando la esquina de la escalera que se dobla cuando sale la voz de la boca del pez que camina. A un lado del cielo se cierra la naranja. La mano es larga y se mueve como una pierna. No hay mucho tiempo porque los zapatos se desparraman por el armario y las sábanas están dobladas al revés. Camino por la calle dura y mojada mientras se agitan todas las puertas abiertas entre el ruido de unos caballos como batiendo huevos. Entones me pongo crema en las manos por las líneas del teléfono. Las personas hablan y se mueven con todas sus piezas coordinadas, se dirigen a su infancia con los bolsillos llenos de agujeros y cristales. Cuando yo era pequeña tenía uñas de animal, la piel blanda y una piscina llena de ranas

4 comentarios:
Las uñas de animal para defenderte, la piel blanda para que pudiesen atravesarte y la piscina llena de ranas para dejarte caer en paz, presumo. Pero ¿y los zapatos desparramados? Me da que son muchos y que impiden el paso. Eso ya me preocupa un poco más, sobre todo por si fueran de marca ya que habría que patearlos para poder pasar. O tener que usarlos, dos pares por día y pasear por entre las baldosas de Lavapiés con tu gracia de danzante afroamericana.
cuando una es negra tiene que tomar esas precauciones...
¿y las negras no danzan con el vientre?
jo, no teneis ni idea, las negras hacen yoga, pero les dan clases a las blancas que quieren ser un poco negras aunque sea por unas horas y pagando. Pero seguid intentándolo!
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