Pasa un niño calle abajo. Cuando lo miro, está toqueteando una moto bonita que hay aparcada allí. Ya en cuquillas, mira a los lados, hace no sé qué y se aparta. Sigue su camino pegado al borde de la calle dando pataditas a todo lo que está al borde de la calle. Cierro los ojos y siento el sol que pica. Al cabo de un rato lo veo subir. Ahora lleva un paquete como de bollos colgado de la mano por el nudo que hacen en las pastelerías para que lleves una bandejita como de regalo, pero está incomodísimo, porque a la vez intenta abrir con la boca algo envuelto, parece un palito quizás un chupachus. El caso es que los bollos que cuelgan se balancean de un lado a otro chocándole los mofletes. La calle es fina y larguirucha. Continúa, paso a paso, caminando muy lento dando tumbos, casi que se roza con los pivotes asquerosos que te haces mucho daño-por el material o la forma no sé-. La operación que realiza es bien compleja, en realidad son cuatro.
Lleva un chándal con un pequeño escudo de esos y el pelo sucio y sin peinar. Lo han mandado a comprar el desayuno y se quiere comer el chupachus rápido antes de llegar porque lo pagó con las vueltas, o porque no se come eso por la mañana.
Varias veces he visto a sus padres peleándose en la calle. Ella es una yonki muy gorda, el padre es flaco, moreno y está siempre borracho. Antes él era muy muy pequeño pero ya creció.
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2 comentarios:
Querido emilio, resulta que tu vives muy lejos de tu lengua materna y no estás al tanto de las innovaciones que el habla popular realiza espontáneamente, etc. Gracias por leer mi blog con tus tres añitos.
Quiere decir que es algo que no cesa de ocurrir. Cuanto me alegra ver que sigues ahi!
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