martes, 11 de noviembre de 2008

ideas y esencias



Ayer ví una película que al principio me pareció deprimente, complicada y oscura. Quizas era fue así porque tocaba a alguans cosillas a als que le he estado dando alguna vuelta estos útltimos tiempos sobre la pareja, el amor, la fidelidad o la lealtad.

La película va de dos personas que:
A sabiendas de todas las cosas feas que iban a ver en el otro, deciden empezar una relación amorosa. pero no solo saben lo que van a odiar en el otro sino que también saben lo que el otro odiará de ellos. Así que los dos saben todo (lo malo) que piensan respectivamente el uno del otro. Qué verguenza, no?, qué pena, qué desastre parece que más mal rollo no puede haber. Porque claro, se trata de todas esas cosas que pensamos a veces de nuestra pareja, pero que nunca nunca nunca se las diríamos porque son demasiado algo: humillantes, crueles, retorcidas, egoistas, violentas. Nacen en un lugar muy muy apartado y pequeño de nuestro cerebro justo al ladito de esa parte antigua que conecta con nuestra herencia réptil (es esa parte de nosotros que busca la lucha o la huida: que entra en una habitación de hotel y va directa a las ventanas, al baño), pero modelado todo esto -esplendorosamente- a escala de nuestra cultura, educación, historia familiar. En ese lugar hay también un buen arsenal de cosas que pensamos de nosotros mismos, no menos despiadadas, que concurren a la fiesta del juicio al otro (o del juicio final o como lo queramos llamar). En este juicio todos pierden -siempre- el acusado, el acusador, el juez, el testigo, el que teclea, el policía que esposa al acusado cuando este amaga saltar sobre el fiscal, el que hace el dibujito con lápiz, todos. SE trata de una sofisticada bomba atómica.
En estas condiciones los protaosnitas se dicen una vez más si quiero. ¿Por que? Porque no han perdido tanto... en realidada solo han perdido una cosita que no es más que cierta imagen o forma o "eidos" alojada, ahora si, en la parte grandota, famosa y frontal del cerebro, la que nos tocamos siempre que nos duele la cabeza.
Decía Platon que las ideas no "existen" propiamente, sino que "son". Así que no están ahí, sino que son construidas a base de contradicciones materialmente ejecutadas por las culturas pero que alcanzan a rozar la eternidad de la mano de su incuestionable universalidad y otras cosas acabadas todas en mente.
Y esa morraya es lo pierden aqui con todo el tinglado que monta el director y menos mal que es así virgencita virgencita.
Hay otra parte de la peli en que el prota, busca dentro de sí un lugar tan oculto tan oculto que ni la mejor tecnologia cerebral neural mental pueda entrar. ¿Para qué?
No cuento más porque la destripo totalmente y tengo a un amigo con gato que se va a enfadar si no la ha visto aún y me va a sacar las uñas de la vaina que las recubre cuando no las usa.
Como veis es una peli muy profunda.

1 comentario:

lobita dijo...

Se dicen para herir porque se está herido.Lo de la intencion ultima ya sa sabe que es incognoscible, menos para Dios, que no es teo-logo sino juez, y entonces estamos otra vez en las mismas.ASi que no me sirve la religión, ni para esto ni para casi nada.