Siempre que leo -y tengo que leerla todos los años porque la expplico a los chavales- esto de que "En algún apartado rincón del universo centellante desparramado en innumerables sistemas solares hubo una vez unos seres inteligentes que inventaron el conocimiento" y que "fue este el momento más falaz de la historia universal", me siento (sentada) al principio de una nueva entrega de la guerra de la galaxias dirigida por el George Luckas de hace 30 años que empieza con las letras que se abren y pasan como en alfombra estelar. Entonces, se ve a alguien viejo con toga que hace figuras en la arena con un palito, y dibuja la hipotenusa y los catetos y mira al sol y a la sombra que el sol hace.
Para algunos, estas figuras no son más que representaciones, imágenes, cuyo único cometido es hacer visible lo invisible, y lo invisible son conceptos, y los conceptos corresponden a relaciones y las relaciones son el dinamismo de la vida de la naturaleza. De manera que a todo el camino que va del palito a la esencia de lo real, los llaman conocimiento y pone a los seres que lo recorren entero en posesión de un saber muy especial, trascendente y jerárquicamente superior a casi todos los otros. Un decir, que además -y quizás sea por esto que pasa aquello- si alguien que lo compartiera y comprendiera, lo mirara muy de cerca, no vería en él zonas oscuras o deshilachadas, sino textura perfecta de sombrero de paja toquilla 100% natural de 200 euros en pesos ecuatorianos que cuando te lo pones sientes correr el viento en tu cabeza como si fuera la copa de un árbol. En conclusión: cierto y bonito. Y dirán que además es bueno, porque menos mal que es así, que si no estaríamos perdidos.
Pero ¿y si pensamos que estas figuras ayudan representar conceptos que no corresponden a relaciones universales y necesarias sino a relaciones contingentes...humanas? Esto implicaría que este decir del palito, no es un decir que dice lo que es y será de una vez por todas, sino de lo que es así ahora para nosotros, pero que mañana o pasado mañana puede ser de otra manera, y ya no te digo nada para aquellos otros (tan feos). Se ha interpretado, a veces, que este giro tornaría a la filosofia y a la ciencia (al conocimiento en general) en pantomimas y estafa. Sin embargo, desde mi punto de vista, esta nueva determinación de contingencia, lejos de suponer una rebaja o descafeinamiento de la potencia discursiva de la filosofía y de la ciencia, las catapulta a estas, a un nivel superior. En efecto, si el decir es un decir de algo que está por ser, ese decir es decir que hace a ese algo, que construye. Y ese hacer y deshacer lo llamamos política, y al panorama completo pasado de todo esos haceres y deshaceres historia de la humanidad.
Lo que le fastidia a Nietzsche no es que se crean superiores, sino que lo sean.
(y sin embargo, el platonismo impreso a fuego en mis profundidades me dice, galileanamente...que ahí está, perfecta y simétrica la sombra que el sol hace)
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