sábado, 24 de septiembre de 2016

Emily D.




 La primera impresión que tuve al leer a Emily Dickinson fue que estaba muerta y que escribía desde el mundo de los espectros.  Quizás por el sensualismo espiritual que rezuma. Pero no llega ser sensual porque no hay realmente voz que suene ni palabras que se oigan sino palabras fantasma que se susruan por carta que dicen anhelar las cosas, las flores, pero no las rozan.  Podría esperar uno cierta tristeza en la voz fantasma que la llevara a protestar o al menos poner en evidencia la desventura de su condición -puesto que nos encontramos ante una sensibilidad, digamos, inhibida…- pero tampoco. Conclusión, tenemos ese anhelo de la cosa fraguado por palabras extrañamente combinadas.
  
Y son poemas hechos por una mujer hija, hermana, nieta de peregrinos puritanos, tía y cuñada.  De todas las expectativas depositadas en ella por su condición solo se saltó una y no fue no casarse. Fue no ir a la iglesia.  Porque se consideraba aceptable, también en familias "respetables", que alguna de las hijas no lo hiciera y que desplazara, como hizo Emiliy,  el cuidado del correspondiente marido por el cuidado de padre, madre, hermano, sobrinos, etc.  Tuvo una proposición tardía que no pudo ni rechazar porque el pretendiente murió prematuramente. Era viejo, era un amigo de su padre. Quizás le hubiera dicho que sí. Quizás ya era tarde.  Pero  su relación con la practica religiosa por ambivalente, controvertida  y poco convencional. Su familia fue entrando por tandas a la iglesia congregacionalista -primero su madre hermano y hermana y finalmente su padre- de Amshert pero ella no. Ella casi nunca iba y no cedió a pesar de la presiones de su familia.  Pero su negativa estuvo compensadísima con el estudio privado de los textos y sobre todo, con una intachable reputación gracias a una proclamada castidad. Por tanto, como Emily no salía de casa eso fue suficiente para acallar a todos.

En un prólogo cortísimo a una antología suya, Borges afirma que esta mujer tuvo una vida “muy intensa”.Lo vemos, dice,  al leer sus cartas a familiares y amigos, son cartas entusiasmadas, evocadoras y afectuosas en la que Emily expresa sus amores y antipatías. La intensidad femenina. Virginia Wolf llama  “abigarrada” al rasgo ineludible en la literatura hecha por mujeres en tanto que determinada la condición de la mujer por cierto estado de disponibilidad permanente.  Llámese "hogar" o como se quiera eso a lo que una mujer naturalmente está avocada.

 “Dios me guarde de lo que llaman hogares”, escribía Emiliy con 20 añitos a su amiga Abiath Root.  Penosas y perecederas labores que la martirizaban cuando puntualmente tenía que realizarlas para su padre y hermano. Porque Emily nunca fue, como nos exhortaba Virginia, independiente económicamente: no disponía de las 500 libras anuales.   Sí dispuso, en cambio, de la otra cosa que se trabó y custodió para sí con celo inquebrantable: una habitación propia. 

Debidamente se ha hecho hincapié -quizás con más morbo que agudeza- en este hecho, en su empeño por preservar su espacio, su lugar personal e íntimo de visitas indeseadas.  Es significativo y ajustado decir que estos 1700 esquemáticos poemas en papelitos, en servilletas, junto con recetas de cocina, en cartas, otros cosidos por ella casi autoeditados en un cajoncito de su escritorio, en parte llegaron a existir por esta conquista suya material de la puerta cerrada.

De estos 1700 alguno por ahí se coló en alguna revista literaria con otro nombre.

También es interesante que Emily se buscara a un interlocutor, el editor de la revista literaria The Atlantic Monthy, Thomas Wentwort Higginson. Este hombre, al que ella quiso llamar “tutor”, realmente no se enteraba decasi nada y por su proceder respecto a Emily hasta pareciera que no tenía ni por dónde cogerla ni a ella ni asus poemas. Todo indica que ella se dio cuenta de esto (no le hacía mucho caso cuando éste sugería tal o cual cambio). Según confesó a su esposa, el buen Higginson estaba inquieto y abrumado con su díscola y absorbente pupila. Ella escribió en cartas y poemas sobre el afán por publicar, algo aparentemente escéptico, pero por el tono que usa parece que encubre con la reprobación moral sobre la ambición de gloria,  la enorme dificultad -sino imposibilidad- que percibía para lograr reconocimiento en su entorno. 

297
¡Yo no soy Nadie!¿Quien eres tú?
¿Eres- Nadie- También?
¿Ya somos dos entonces?
¡Ni un palabra!¡Lo pregonarán, ya sabes!
Ser –Alguien-¡qué aburrido!
Como una Rana-¡Que vulgar!
Pasarte Junio diciéndole tu nombre –
¡A la primera Charca que te admire!

I´mNobody! Who are you?
Are you –Nobody-Too?
Thenthere´s a pair of us!
Don´ttell! They´sadvertise-youknow!
Howdreary-to be- Somebody!
Howpublic-like a Frog-
To tellone´sname-thelivelong June-
To anadmiringBog!

Y

290
De Bronce -y Fuego-
El Norte-esta noche-
Tan adecuadamente -se sustenta-
Tan desconcertado con sí mismo-
Tan distante-a la alarma-
La soberana Indiferencia
A mí o al Universo
Infecta mi sencillo espíritu
Con Tintes de Grandeza
Hasta  que adopto actitudes más vastas-
Y contonéome sobre mi tallo-
Desdeñando a los Hombres y al Oxígeno,
Por su Arrogancia-
Mis esplendores son Domésticos
Más su Espectáculo Sin par
Deleitará a los Siglos
Cuando yo me haya ido,
Una isla de Hierba deshonrada-
De Escarabajos solo conocida.


¿Quizás con este contacto de Higginson albergaba Emily la esperanza de tener su obra publicada? Puede ser, pero no creo que fuera por eso que lo escogiera como “tutor”, sino más bien por tener necesidad de algún tipo de contraste experto para su obra. En un carta de 1862, con 32 años ya, Emily escribe:

“Señor Higginson, está usted demasiado ocupado para decir si mi verso está Vivo? La mente esta tan cerca de sí misma-que no puede ver, con nitidez-y no tengo a quién preguntar ”.

Se ha visto no solo en los metros, sino en también en el material, que son pájaros, flores, estaciones, una suerte de afinidad formal y de imágenes entre la poesía de Emily y los devocionarios que se estudiaban y comentaban en las casas puritanas. Claro que eso pudo influirle y no parece que tuviera una gran cultura literaria, y a ninguno de sus contemporáneos.

En una carta de las primeras cartas a Higginson Emily escribe:

“Pregunta usted por mis Compañeros, Colinas-Señor- y el Crepúsculo –y un perro- grande como yo, que me compró mi padre- Son los mejores seres-porque saben- pero no lo cuentan-y el ruido en la Charca mediodía-supera mi Piano. Tengo un Hermano y una Hermana-A mi madre no le interesa el pensamiento-y Padre, demasiado ocupado con sus informes-para darse cuenta de lo que hacemos-me compra muchos Libros-pero me suplica que no los lea-porque teme que sacudan mi mente”
“He tenido un terror-desde septiembre-que no podía contar a nadie-así que canto como hace el niños junto al Cementerio -porque estoy asustada-“

Murió relativamente joven, a los 53. Un 15 de mayo como el día en que terminé de escribir esto. No sabemos si ese día estaba soleado o había espesas nubes negras. Tampoco sabemos si antes de morir cantó para ella el petirrojo o al cuclillo, -en realidad era el chotacabras- Sí sabemos, con quizás alguna más seguridad, que murió de nefritis, dicen que había vivido medio enferma casi toda su vida. También alguien por ahí, algún patán seguramente, ha dicho que estaba loca como sugirió su traidor amigo Samuel Bowles porque ella se negó en una ocasión a recibirle. ¡Cómo se atrevía esa “reina reclusa” y casta?  Otros encantan de decir aquello de que al cumplir los treinta se vistió de blanco inmaculado -aunque en la famosa foto que ha pasado a la posteridad lleva un abotonado vestido negrísimo –y que permanecería con ese color hasta el final de sus días. Otros afirman que, a lo Safo, ella solo amaría profunda y verdaderamente a su cuñada Susan “para siempre Sue”, por sus cartas, donde ciertamente se explaya en cariño y afectos que, a ojos modernos, solo pueden ser romántico-eróticos.   Otros figuran que amó a un elocuente y aclamado pastor  Woordwoodor sus sermones pastor casado y con hijos. Solo algunos poetas despiertan tanta especulación. Se forma una leyenda preciosa que se alarga y enriquece. Yo quiero aportar un granito. Este verso suelto abigarrado evoca a mi parecer la esencia de Emily. No hay nada más allá. Los muertos sólo miran a los vivos y a las cosas de este mundo de esa manera, dickinsianamente.
 
 “No-es-la Revelación la que aguarda, sino nuestros ojos no equipados“



1775
La tierra tiene muchas claves.                                                                                                          
Donde no hay melodía
Es la ignota península.
La belleza es el hecho de la naturaleza

Pero testigo de su suelo,
Y de su mar testigo,
El grillo es para mí
Su suprema elegía.
1774
El tiempo más feliz se desvanece
Y no deja vestigio-
Es que la Angustia carece de Plumas
O para el vuelo pesa demasiado.






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