Hoy hizo una tarde preciosa. Lobita la pasó con una loba vieja. Cocinaron, comieron, hablaron y caminaron. Después lobita volvió a su hogar a leer y a escribir porque le dió una cosa en la espalda y no podía casi moverse. Allí recogió los granos arrojados días antes por la calle, las hojas blancas y verdes de la nevera y del horno, las bombillas, la leche, los huevos, los bebés voladores, las alpagartas suizas, los altavoces, las canicas y las serpientes y ya está. Una vez finalizadas estas a tareas tan amenas salió al balcón, y aulló y aulló hasta que se quedó dormida, y entonces soñó con una excursión a la sierra donde escuchaba al pájaro carpintero y comía bocadillos de chorizo con unos seres humanos muy altos que hablaban todos en francés. Ella disfrutaba mucho de aquella lengua tan gutural porque le recordaba al crujido de suelo en otoño cuando se cubre de flores secas. Esa foto de arriba da una ligera idea de como suena.
Lobita ya dormida en su balcón, siempre con los ojos bien abiertos (como decía monoperro)

3 comentarios:
cuantas lobitas más habrá soñando por ahi y nosotros sin enterarnos!
Gracias por la cita. Imagino que te refieres a algo que escribí en un blog hace mucho, decía algo así: Antes de acostarme me lavo la cara para entrar bien despierto en el sueño.
si, eso, aunque a veces eso implique un buen susto!
Publicar un comentario