lunes, 27 de mayo de 2013

amor y consumición



Ay, lo que va murmurando,
muchacho tu enamorada!
Que se te escapa la vida
tirado sin hacer nada.
Que fuiste un día a pescar,
y se te olvidó la caña,
¡Cómo te van a picar!
Sin caña fuiste a pescar
y te quedaste colgado
mirando el agua pasar.
Responde malhumorado:

Será porque siempre he estado yo
del lado del pescado que
nunca había pensado que el pescado
fuera a estar del otro lado.

Y le hace un guiño a su novia
que se pone colorada mientras
sigue golpeando la colada


(j perro, charla del pescado)


 Ayer tuve que entrar en casa de mi vecina. La mujer estaba viendo algo en la televisión, parecía una telenovela. En ella había dos personas, una de ellas era un apuesto cura joven con hábito negro largo hasta lo pies, el otro era un hombre normal, no cura. Le fastidié seguramente a la mujer el capítulo casi entero, y desde luego se perdió el inquietante final que si alcancé yo a ver por el rabillo del ojo, mientras ella me contaba algo sobre sus nietas. Pues este final era de lo más inquietante -como ya he dicho- insisto, porque se veía a estas dos personas en una especie de exterior de iglesia o camposanto, y a una gran cruz de piedra al lado. Lo que ocurría es que esta gigante cruz  se le caía de frente y totamente encima al apuesto cura que, con cara de horror, y con la oscuridad que sobre el se cernía por el tamaño de la cruz, cerraba el capítulo de la serie que no creo que fuera "Amar en tiempos revueltos". No, porque "Amar en tiempos revueltos" es histórica y esta, con este final, parecía tener un componente más sobrenatural, como si la cruz le cayera a ese cura como castigo por algún pecado cometido o a punto de cometer. Un final que engancha y que seguramente se resuelve en el siguiente capítulo, que el cura esquiva la cruz en el último momento,  pero queda grabado en su cabeza el mensaje divino, claramente manifiesto por medio del hecho de que lo que se le caiga sea algo tan símbolico como una cruz y no por ejemplo, una maceta.
La imagen tonta y ridicula de la cruz cayendo sobre el curita me ha hecho pensar en el amor, porque es muy dificil disociar amor y cristianismo, amor y temor, amor y castigo, amor y aplastamiento.

¿Qué es amor me pregunto? No hay definición defintiva, ni en esto ni en casi nada y mucho menos en esto."Amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es". Supuestamente esto lo dijo Lacan.
La primera vez que lei esta frase pensé que la primera parte de ella (la de "dar lo que no se tiene...")se refería a esta tendencia casi enfermiza que se tiene a veces querer dar dar dar, en un dar que en realidad es pedir pedir pedir. Lo hacen los padres, lo hacen los amantes, y lo hacen algunos malos amigos.   "No te relajes conmigo " le dice la mujer al hombre. "Me debes la vida", le dice el padre al hijo. Pero, vaya, esto lo explica muhco mejor que yo la Simone de Beauvoir.       

Otra  interpretación más positiva, alegre y opitimista de esto sería algo así como que el amor consigue un milagro: el de dar-de verdad-  lo que no se tiene. El amor por si mismo, como resultado de la actividad de amar,  consistiría  en realidad en plus-amor.  Así, el otro, el que "no lo es", lo recibe, como un don. Menos encantados -y menos desconcertados- estaríamos si tratásemos de dilucidar qué es ese "eso" que se da. Bueno, ejem... es Lacan ¿no? ¿qué va a ser? ¡Pues el falo, hombre! Las mujeres productoras en realidad de este misterio (y de todo misterio en realidad...)  en las relaciones parejiles convencionales mantienen con su trabajo la ilusión omnipotente fálica del varón porque se lo dan, se lo conceden, el que? aquello que ellos NO son . Otra vez Beauvoir es mejor que yo para contar la famosa "complicidad" en la reproducción de -y con- las disposiciones de género de la dominación masculina bourdiana por la cual aquel milagro lacaniano tiene lugar. Entonces en el juego del amor los hombres siempre ganan pues reciben eso, y las mujeres se realizan porque lo dan, porque dan. En el sexo la simbología dominante la del otro sentido  -ella "recibe", el "da"-quizás por eso se ha visto una inversión "mágica" en el amor , pero diremos que aqui sí que se le pincha el globo a Bourdieu, cachis, con lo bien que lo había inflado.

 Y ¿Por que se tienen hijos? Las mujeres somos las principales sospechosas, otra vez. Nos dicen que los hijos "nos completan" porque llenan nuestro vacío existencial-estructural y que con ellos, "creemos que por fin tenemos algo nuestro". El amor de la madre nutricia es la madre que es también a su manera " madre lactante" porque devora sus hijos, mientras ellos la devoran a ella y, asi se fusionan. Es muy común actualmente plantear la maternidad en estos términos de fusion dionisíaca completa y dichosa.  (Luego vendrán los cursillos para padres de "aprender a poner límites").  "Destete respetuoso" lo llaman, y la regla de oro para llevar a cabo esta separación es "no ofrecer, no negar". No negar. Puñetera regla estúpida.   La regla de la no regla. Atrapada en la cicularidad de las disposiones de género (dominado), la mujer ni en la conciencia se puede liberar, ni en las prácticas. Ese rollo de que el amor es de las mujeres, como mentando que es nuestro campo, un campo que intentamos siempre "desregularizar" en aras de, ya no nuestra propia naturaleza emocional, sino de un respeto o fidelidad (basado en el conocimiento innato, por supuesto) a aquello en lo que el amor consiste.   Pues las reglas reglas y la racionalidad son masculinas. A la vez, apaciguamos la "brutalidad" (reglada) masculina, con la magia "civilizatoria" (amansadora) del amor... Nuestra "sumisión" en este contexto a la reglas es, paradójicamente,  a la vez interna y aparente. Sólo mientras sigan colmados nuestros anhelos de completud aceptamos la domesticación que mientras tanto nos define totalmente. Si no nos colman, entonces somos como ese Dios enrabietado que se tira sobre cura a lo cruz gigante para aplastarlo, como aviso.
Asi es que "amor" no significa lo mismo para hombres y mujeres y cualquier intento de defnirlo o "deconstruirlo" sin tener en cuenta esto, fracasa en la práctica. Son los intentos nefastos de "romper el molde". Entre ellos, quizás se instala el remilgo de completud genuinamente femenino. Entre ellas una compulsiva autogestión libidinal, con todo el entorno en contra y con el amplio sentido de libidinal, que nos consume. La tentación de volver a refugiarnos -a descansar- en cómodo y cálido lugar de nuestro ancestral rol de género es muy grande.  
 Ayer una amiga me decía que la película "Celebración" había sido para ella casi catártica, porque la víctima gana al conseguir que el malo, el hombre abusador -antes patriarca adorado- quede delante de todos en evidencia. Muchas veces lo que jode, no es no estar "liberadas", no ser independientes, que también, sino que siéndolo no se nos reconozca el lugar que nos corresponde, también entre los hombres. Nunca. Mirad si nó a la pobre Beauvoir que hasta hay un taradete en Harvard que hizo su tesis para demostrar que en realidad ella le debe todo a Sartre, teóricamente hablando.    Y luego las biografías que se empeñan en ponerla como un bicho rabioso y ansioso de reconocimiento y sexo. ¿Y si fuera verdad? ¡Qué importa! Está claro que al final venció su ciencia.  
Y volviendo también a la situacion vecinal. Allí estaba yo sentada viendo en la tele una serie que no me interesaba ni un pimiento, y mi vecina perdiéndosela, y todo para que cierta "gentecilla gritona y molesta"(nuestras niñas) jugasen juntas un rato. Vale esto como otra definición de amor

 

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