miércoles, 29 de enero de 2014

el kursk o la sensación de vivir

En el sueño había un submarino de cristal lleno de gente, profesores de instituto. Nadie quería salir aunque se hundía. Yo encontraba una ventana pequeñita y les decía a los demás que salieran por ahí. Algunos lo hacían. Una vez fuera seguíamos encapsulados, pero nos dábamos cuenta de que al menos no se había inundado el mundo. En cambio, al otro lado de nuestra cápsula se abría un paisaje árido de montañas secas peladas y casas de piedra. Seguía sin estar claro si había supervivientes. En un momento, veíamos calles, y en las calles un pueblo, y en el pueblo había tiendas, y en las tiendas gente y máquinas frigoríficas altas con cocacolas de todos los tipos: la zero, la light, la sin cafeina, la light sin cafeína, la normal. todas. Esta imagen de las cocacolas me llenaba de paz y seguridad.


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