domingo, 19 de enero de 2014

El misterio del amor




 La pregunta ¿por qué me quieres? en principio parece una pregunta infantil y tramposa. Sin embargo, apunta a mi parecer a algo inmanente al amor mismo. Y quizás gracias a lo que ella nos revela se pueda proceder al acoso y derribo de esta lacra social y humana. Veamos,  ¿qué ocurre cuando el preguntado bienintencionado se dispone a responderla?  Que se lanza  a una enumeración de razones, motivos, cualidades que dejan al preguntante hinchado de una satisfacción narcisista… y eventualmente insuficiente. Por eso volverá a preguntar una y otra vez. Y no sólo insuficiente.  Porque si se detuviera a escuchar realmente lo que se le dice y mirara estas razones, motivos  y compendio de cualidades supuestamente propias de cerca, se daría cuenta de que antes que nada son arbitrarias, falsas, egoístas y superficiales.  Así es como cambiarán y se tornarán odiosas a la mínima ocasión que el amado rompa con la imagen y expectativas que de él se ha hecho el otro (y viceversa). Y la insuficiencia de todos ellos se basa, sobre todo, en que por mucho que se desenrolle  y desenrolle el rollo amoroso enrollado por los implicados, habrá siempre un espacio vacío dentro del cual no podría siquiera mirar el enamorado. Y es ese espacio vacío el que hace que a toda esa cadena o lista o pirámide de razones y motivos se las agrupe bajo la etiqueta de “amor”. Ese hueco hace que el amor sea, en el fondo, inexplicable y que, al final, el amante al que siguen instigando con el “dime más”, se ve obligado a confesar al amado “y además te quiero por que sí”.  Dicha inexplicabilidad le ha dado al amor ciertas ínfulas de cosa preciosa y sublime. El resultado en que en ese lugar básico y fundacional del amor tenemos un misterio hermoso y profundo que básicamente para resumir diremos que actúa como fuente de sentido. “Si no creyera en el misterio”, dice Silvio Rodríguez.  Pero quizás, alguna vez, esa pregunta tonta hecha tontamente para generar una tonta conversación tonta, tenía un profundo e inteligente sentido: sacar a luz lo que no está a la luz, hacer visible lo que no está visible. Y no se podrá, dicen. Porque eso es el misterio del amor, un agujero negro, que por su alto rango de gran valor humano se sustrae a la explicitación y sin embargo acaba justificándolo todo: la devastación total del uno y del otro, del hijo, del hermano, del amante (No tanto de los amigos que por su suerte se sustraen a su fuerza fagotizadora, quizás porque no han de pagar la tasa “agujero negro” ).  Chantaje y posesión son sin duda las dinámicas que lo definen. Por eso, todos aquellos a los que posicionamos como “centros de nuestro universo” no son desgraciadamente astros brillantes que nos calientan e inspiran, y la recíproca, sino agujeros negros que nos arrastran sin mediación.   ¿Que es inexplicable el amor? Lo niego. Sí que puede mirar dentro y ver lo que hay allí: frustración y culpa, eso. Nunca habrá otra cosa. Por eso  yo también estoy, definitivamente, contra el amor.
Y quizás el amado que pregunta al amante “¿por qué me quieres?” lo que en el fondo le está preguntando (sin darse cuenta)  es, “¿por qué no me dejas en paz?”   

No hay comentarios: