“Siéntate como una señorita”-dice el abuelo. La pequeña Uxue
lo mira perpleja –ella no sabe qué es eso de como una
señorita-. Y sin embargo, interpretando que lo que se solicita de ella es
cierta disciplina de cuerpo se yergue a modo de un soldado y camina en desfile marcial por la cocina, generando en los
adultos un desconcierto aun mayor que el que produjo en ella esta absurda y
sexista demanda.
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